Stella - feliz - con su premio Trinidad Guevara a la Mejor Actriz Protagónica del año 2005 por su labor en Los Mansos.29.6.06
En Clarín, hoy - los Trinidad Guevara
Stella - feliz - con su premio Trinidad Guevara a la Mejor Actriz Protagónica del año 2005 por su labor en Los Mansos.los mansos y yo
bueno, a ver si trato de organizar mis ideas.primero: bueno, la primera impresión, el espacio, la luz. tengo la suerte de ver la función un día de tormenta en el que el cielo está naranja flúo y, de vez en cuando, entra resplandor de relámpagos por las ventanas del techo. es curioso, el color del cielo combina felizmente con la puesta de luces, la iluminación.
segundo: al principio me cuesta un poco entrar, superar el momento ´estoy en un teatro y estos son actores que están representando algo y ahora están diciendo unos textos'. supongo que también tiene que ver con que creo entender, en este segundo momento, que estoy asistiendo a algo narrativo, que me van a contar una historia. que nastasia está no felizmente ligada a... suardi (cómo era el nombre? algo con r.) y llega el idiota que se enamora de ella y entonces hay un conflicto.
tercero: supero ese momento, algo extraño sucede. los actores dejan de ser actores representando y pasan a ser esa otra cosa: cuerpos en un espacio iluminados por una cierta luz, cuentan algo, algo que les pasa. no sé si es sugestión o qué (tampoco creo que importe) pero empiezo a percibir algo que tal vez tenga que ver con el proceso. empezás por un texto, dostoievski y de repente eso algo, eso todo que es dostoievski o dostoievski en vos te atraviesa. todo se vuelve más confuso, lo narrativo se atomiza y multiplica, se vuelve menos claro y muy intenso. a mí, personalmente, que los personajes escuchen música y que no sólo los acompañe, siempre me gusta mucho. es decir: el play back, en éste caso, me conmueve, no puedo evitarlo, la música tiene esa cosa tan potente que ataca directamente al cuerpo, ¿no? la relación entre los cuerpos, los de ellos, se vuelve confusa, se tocan, juegan, se besan, se golpean, se caen, se mojan, cuentan, se cuentan historias. ahora dicen y están diciendo. la obra se caotiza, ellos se caotizan y a mí me gusta. también me gusta, particularmente, cómo dice maría inés... es tan vulnerable, está tan ahí, esa ella está tan rota y tan ahí... ¿no?
cuarto: los textos. hay, también, una suerte de random de textos, ¿no? de dostoievski, tuyos, ¿de los actores? no sé. recuerdo, así, después de un par de días, aquél texto que dice nahuel acerca de la utilidad de los hombres que actúan y los que sufren, o el relato del fórceps de nastasia, y el de los espejos, de nahuel también, esos espejos en lo que no deberían reflejare los muertos. supongo que éstos tres, sobre todo, me resultaron conmovedores (junto al playback, claro). no, y el de dostoievski frente al cuadro a punto de tener un ataque de epilepsia, también.
quinto: el árbol. qué lindo lo del árbol! qué lindo que digan lo de vivir y morir rodeados de árboles y gente y que después el árbol, en efecto, aparezca. momento conmovedor...¿5? perdí la cuenta. lamento que dure tan poco la imagen del árbol, éso nada más, hermoso nahuel bajo el árbol con su ratoncito negro, negro brillante, bajo el árbol. creo que podría haber asistido a ésa imagen por veinte minutos.
bueno, no sé, éso más o menos. te felicito tanta, aunque sea tan tonto felicitar, ¿o? qué demonios, igual te felicito, porque es un trabajo muy intenso y muy personal y éso, llega.
mail que nos mandó romina paula (directora, autora, actriz y amiga de ariel y de martín) después de ver los mansos un sábado lluvioso de junio.
de Martín a Stella por el Trinidad Guevara
Ella es Stella Galazzi, en el papel de Nastasia Filipovna Barashkov.Ella lo hizo, saliendo de Dostoievsky y jugando con sus compañeros de elenco de Los mansos, Luciano Suardi y Nahuel Pérez Biscayart.
Ella, con sus recuerdos y los de Alejandro Tantanian.
Ella, con sus penas y euforias, y las de la Nastasia literaria.
Ella, con su tremenda –excelente– manera de actuar.
Ella, con su impecable carrera y su personalidad increíble.
Con todo eso, ella, anoche, ganó el premio Trinidad Guevara a la mejor actuación protagónica femenina. Y todos los que trabajamos con ella y la queremos estamos felices y orgullosos.
Y no dejaremos de aplaudirla.
(La foto se la robé a Ernesto Donegana, gran fotógrafo, amigo y fanático de Stella.)
Mail enviado por Martín Tufró el miércoles 28 de junio de 2006
18.6.06
Sólo quince minutos más tarde...
... empezarán las funciones de Los Mansos a partir del sábado 24 de junio.¿El motivo? Nuestra Nastasia (María Inés Sancerni) estrena El niño argentino de Mauricio Kartún y viene volando en taxi (ver foto) desde el Teatro San Martín hasta el Camarín de las Musas para que las funciones empiecen - sí señores - a las 23.15 horas.
Siguen estando todos invitados.
10.6.06
Nastasia tuvo infancia
La que mira la cámara no es otra que la pequeña gran Sancerni antes de ser la musa de tantos autores de mi generación.Podemos percibir - ya desde su más tierna edad - la fascinación (malsana, claro) que ejercían sobre tan tierna criatura las cámaras... Mientras su hermano (el de cuchara en ristre), sus amigos y amigas departen acalarodamente sobre las virtudes de la repostería, nuestra Sancerni intenta desentrañar los misterios que se hallan del otro lado de la cámara. Vocación temprana, claro.
25.5.06
Algunos espectadores dicen:
I
Alejandro:
Quiero duplicar mi gratitud por Los Mansos. Me resultó un espectáculo superior desde todo punto de vista. No sé por dónde empezar a explicar la perfección compleja del espectáculo. La intertextualidad, el juego de tiempos, el uso del espacio, la luz, la música y esas actuaciones perfectas. No conozco al "idiota", pero que carrerón va a hacer ese muchacho...
Gracias por tanta belleza generosa.
María Esther.
II
Uno ve tanta obrita improvisada, tanta onda "soy re loco, hago teatro" y se harta de todo, y no va más a pequeñas salas por un tiempo, pero siempre reincide, y en ese reincidir ayer me encontré con Los Mansos. Me pareció realmente brillante. No tiene fisuras. A pesar de que no es breve, se sostiene impecablemente en el tiempo. Me descolocó un poquito la canción, confieso.
De Pérez Biscayart ¿qué se puede decir? Ojalá siga actuando. Su dicción es bella, su voz envolvente, extraño el tono. Apenitas más alto podrían hablar, por momentos, ya que se pierde el volumen para los espectadores más alejados de la acción. Además, en medio de la gravedad de la obra, los destellos de humor se agradecen y refrescan (el juego en el que el que gana recibe un vaso de agua en la cara).
Alejandro, disculpá esta intromisión, pero el entusiasmo no se puede esconder. Los Mansos es Teatro de verdad. GRACIAS.
Mamma Bambi
III
Hola Alejandro: ¿qué te puedo decir de Los Mansos...? Me sacudió bastante, creo que fue el momento ideal para ir (destino - necesidad).
Hoy, en estos días, vengo leyendo los textos de Marina (Tsvietáieva) y los rusos, tan interesada - tan sola - muchas cosas que fui descubriendo en ellos las veía el domingo (y sí - inevitable- las busqué) un aire.... un universo que empiezo a conocer.
(...)
No puedo ser objetiva, podría escribirte una carta, me volvería tartamuda intentando explicarte cara a cara todo esto, por eso me fui rápido, caminando.
Falta decir que agradezco tu mirada.
No releo este mail, me da vergüenza.
Un beso grande,
Érica
IV
He visto la obra y estuve acordándome una semana, que es bastante. Me ha parecido brillante, brillante, brillante.
A propósito, he escrito un verso sobre el papel del actor Nahuel P.B. ya que su trabajo es soberbio.
http://bucolico-peste.blogspot.com/
Lo colgué de ahí bajo el título Raro.
Gracias, trataré de ir de vuelta este sábado porque necesito verla otra vez para cerrarla.
Sí, no exagero, tan buena me pareció.
Saludos,
Nacho.
Alejandro:
Quiero duplicar mi gratitud por Los Mansos. Me resultó un espectáculo superior desde todo punto de vista. No sé por dónde empezar a explicar la perfección compleja del espectáculo. La intertextualidad, el juego de tiempos, el uso del espacio, la luz, la música y esas actuaciones perfectas. No conozco al "idiota", pero que carrerón va a hacer ese muchacho...
Gracias por tanta belleza generosa.
María Esther.
II
Uno ve tanta obrita improvisada, tanta onda "soy re loco, hago teatro" y se harta de todo, y no va más a pequeñas salas por un tiempo, pero siempre reincide, y en ese reincidir ayer me encontré con Los Mansos. Me pareció realmente brillante. No tiene fisuras. A pesar de que no es breve, se sostiene impecablemente en el tiempo. Me descolocó un poquito la canción, confieso.
De Pérez Biscayart ¿qué se puede decir? Ojalá siga actuando. Su dicción es bella, su voz envolvente, extraño el tono. Apenitas más alto podrían hablar, por momentos, ya que se pierde el volumen para los espectadores más alejados de la acción. Además, en medio de la gravedad de la obra, los destellos de humor se agradecen y refrescan (el juego en el que el que gana recibe un vaso de agua en la cara).
Alejandro, disculpá esta intromisión, pero el entusiasmo no se puede esconder. Los Mansos es Teatro de verdad. GRACIAS.
Mamma Bambi
III
Hola Alejandro: ¿qué te puedo decir de Los Mansos...? Me sacudió bastante, creo que fue el momento ideal para ir (destino - necesidad).
Hoy, en estos días, vengo leyendo los textos de Marina (Tsvietáieva) y los rusos, tan interesada - tan sola - muchas cosas que fui descubriendo en ellos las veía el domingo (y sí - inevitable- las busqué) un aire.... un universo que empiezo a conocer.
(...)
No puedo ser objetiva, podría escribirte una carta, me volvería tartamuda intentando explicarte cara a cara todo esto, por eso me fui rápido, caminando.
Falta decir que agradezco tu mirada.
No releo este mail, me da vergüenza.
Un beso grande,
Érica
IV
He visto la obra y estuve acordándome una semana, que es bastante. Me ha parecido brillante, brillante, brillante.
A propósito, he escrito un verso sobre el papel del actor Nahuel P.B. ya que su trabajo es soberbio.
http://bucolico-peste.blogspot.com/
Lo colgué de ahí bajo el título Raro.
Gracias, trataré de ir de vuelta este sábado porque necesito verla otra vez para cerrarla.
Sí, no exagero, tan buena me pareció.
Saludos,
Nacho.
20.5.06
Último Domingo
Sí: el domingo 28 de mayo a las 20 será nuestra última función en domingo. A partir de junio, Los Mansos se presentará sólo los sábados a las 23. Nuestra nueva Nastasia (María Inés Sancerni) ensayará sin pausa El niño argentino - obra escrita y dirigida por Mauricio Kartun - que se estrenará en la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín a fines de junio.
17.5.06
Una nota inédita sobre Los Mansos

La figura del Cristo muerto es como un aleph del mundo de Dostoyevski
“Me gusta pensar en el más ruso de los escritores, escribiendo la más rusa de las novelas en una ciudad tan lejana a Rusia como Florencia”, dice el prólogo de Los Mansos, en boca del actor Luciano Suardi. Fedor Dostoyevski escribe El idiota en Italia y Alejandro Tantanian vampiriza la experiencia de la novela, imaginando distintas Rusias desde Buenos Aires. El resultado es una obra que retoma ciertos motivos de El idiota y cuenta tangencialmente la historia de sus antepasados emigrados. Tras una trayectoria nacional e internacional, individual y colectiva (con el grupo El Periférico de Objetos), Tantanian se devela en lo más íntimo con este nuevo trabajo. A continuación, una reposición más lineal de su biografía: “Mi familia (materna) deja Rusia en 1941, abandona su patria dejando atrás su historia. Mi familia sigue al frente alemán, abandona Rusia odiándola, viven cinco años en Stuttgart: y de ese lugar mi madre conserva (aún hoy, claro) los recuerdos más felices de su infancia. Después de aquellos cinco años en Stuttgart mis abuelos y mi madre viven en Heidelberg, en Francia luego, aquí, allá: buscan a un pariente perdido; caminan el mundo para encontrarlo: el hijo de la hermana de mi abuela (su sobrino) había abandonado el frente y había desaparecido. Mi abuela recibe buenas noticias: su sobrino está vivo, sí, en América del Sur: dejan Europa en 1949 y llegan al puerto de Buenos Aires en 1950: lo buscan, todavía. Un día mi abuela lo encuentra por casualidad en una calle de Buenos Aires (dos años después de haber llegado y cuando la certeza de haberlo perdido se había instalado definitivamente). La historia entera de mi familia cambia en ese preciso momento: aquel encuentro inesperado reordena el pasado y construye el presente. El vínculo con la tierra perdida renace. Ellos deciden olvidar que habitan un lejano país de América del Sur: viven desde entonces en una tierra inexistente: un lugar construido por sus recuerdos y donde el ruso parece ser el único idioma. Ellos reconstruyen Rusia aquí, en Buenos Aires”, cuenta Alejandro Tantanian. Luego sus padres se conocen en esa comunidad de exiliados, y su madre nunca le enseña el ruso, “pero la casa de mis abuelos estaba llena de esos aromas perdidos y Dostoyevski era parte de eso”.
El pasado es un país siempre extranjero
La marca del desarraigo es propia del mundo globalizado, donde el fin de las culturas sedentarias ligadas a la tierra hacen cada vez más difícil la construcción del concepto de patria o Heimat, como dice el filósofo alemán Peter Sloterdijk. En este contexto, el arte se presenta como una búsqueda de nuevos territorios para detener la esquizofrenia en la que el hombre siente como un capricho su condición natal. La intención de rememorar es una búsqueda de la identidad y del tiempo perdido: “Yo no intento la reproducción de un pasado o que aparezca el territorio de Rusia. Mi infancia, como todo lo que uno deja atrás, pertenece a un estadio muy íntimo, que tiene que ver con lo perdido. Y para mí, la infancia, que fue desde donde yo me paré para construir la obra, es un lugar que uno siempre añora llegar por medio del arte”, explica Tantanian. Como dicen Gilles Deleuze y Félix Guattari en Qué es la filosofía, “El acto del monumento (la obra de arte) no es la memoria, sino la fabulación. No se escribe con recuerdos de la infancia sino por bloques de infancia que son devenires-niño del presente”. Por eso, Los Mansos lejos está de ser el relato lineal de una historia familiar o una posible adaptación de El idiota de Dostoyevski. “La idea es tomar la novela como una fuente, como se puede tomar un cuadro o una pieza musical.” Entonces, retomar el aroma dostoyevskiano de la casa materna de Tantanian es otra manera de devenir infante. Y, en el recorte, los personajes ficticios se vuelven un espejo de la propia biografía. “Esa idea de lo biográfico puesto en el entramado de la ficción, lo que empieza a generar es una especie de vórtice donde la ficción se biografiza y la biografía se ficcionaliza, como un juego de espejos”, responde Tantanian cuando se le pregunta si tiene una concepción del arte ligada a una experiencia personal de la vida.
En Los Mansos, el príncipe idiota, Myshkin (Nahuel Pérez Biscayart), es un espejo de Dostoyevski y de Tantanian: “Dostoyevski utiliza de una manera muy consciente parte de su propia experiencia de vida y la pone en boca de personajes o sus personajes sufren lo mismo que él. Myshkin es epiléptico, como Dostoyevski y como yo”, resalta Tantanian. La epilepsia es una respuesta a la creación y una manera de concebir la literatura. Myshkin, tras un ataque, explica: “Son cinco o seis segundos en los que se percibe… armonía… calma… limpieza… lucidez… Es como si de repente uno registrara todo: la naturaleza, la superficie, la distancia, el aire, el mundo, todo y dice: Sí, es verdad… Pero si ese momento dura más de seis segundos…el alma no lo resiste… Por eso viene el ataque… La epilepsia es la respuesta a la creación… Es como un eclipse… Un grito… No se puede soportar tanta belleza”.
Desterritorialización
“Lo propio del arte: pasar por lo finito, para volver a encontrar, volver a dar lo infinito”, dicen Deleuze y Guattari en Qué es la filosofía. Pasar por lo finito es la infancia, el pasado, el territorio. Así como Tantanian parte de los recuerdos familiares para construir la obra, Myshkin vuelve del extranjero en busca de su casa de la infancia. En el viaje de regreso, recuerda o imagina la figura del Cristo muerto de Holbein en una de las paredes: el infinito encontrado en la finitud de la casa paterna. “La figura del Cristo muerto es como una suerte de aleph del mundo de Dostoyevski. Él decía que en realidad el hombre está emparentado a Jesús por el sufrimiento. Todo lo demás que hizo Cristo no es humano, pero lo que padeció en la cruz es lo que lo une al hombre. Y a partir de eso él construye toda su mirada filosófica sobre sus novelas, entonces eso me parece que tiene un lugar muy central en el espectáculo”, desglosa Tantanian.
“El que persevera en el sufrimiento consigue que el mundo avance, lo enriquece”, dice Myshkin, que junto con Rogojin (Luciano Suardi) y Nastasia (Stella Galazzi) forma un triángulo o una trinidad sufriente. Igual que en la novela, los tres forman un compuesto de contrapuntos que se desintegran hasta hacer sensible la fuerza del sufrimiento humano radical: la muerte sacrificial.
La relación de Rogojin y Nastasia se refleja en la historia de una canción alemana, la del enano y la reina. “Usted es la única culpable de este dolor porque me abandonó por el rey. Sólo su muerte me devolverá la felicidad”, dice el enano a la reina que lleva su mano al corazón y dice: “Que nada sufras, entonces, por matarme”. Luego, el enano entiende que “su pie no volverá a pisar tierra nunca más”. Nastasia engaña a Rogojin con Lebedev y luego con el idiota. Los celos de Rogojin construyen un afecto que se desintegra en la muerte sacrificial.
“La posibilidad de redención está ligada necesariamente a la autoinmolación o al sufrimiento. Como puede ser la inmolación de Nastasia o el sacrificio que hace Rogojin al final, con el intento de salvar al mundo cruzando de un lado al otro del río con la vela”, comenta Tantanian.
Myshkin también “es un sujeto que viene a generar una idea sacrificial. De hecho el idiota es un personaje que entra en el mundo petersburgués para desatar una cantidad de situaciones límites entre los personajes y desaparecer. Entonces, es como alguien que revela algo oculto. Esa bondad funciona como espejo contrario”. Así, Rogojin dice que “El idiota es la llave: Es la puerta y el paisaje: el mundo es bello otra vez. El idiota, entonces, es el cuchillo”. Myshkin es la llave de apertura al cosmos. Y, por eso, desde el punto de vista de Tantanian, el personaje está ligado a la mansedumbre y no a la idiotez: “Myshkin es visto por la burguesía petersburguesa como un idiota, cuando en realidad es un manso de espíritu, una especie de Cristo. Por eso mi idea de ponerle Los mansos es porque está visto desde el otro lado, no desde la sociedad burguesa, sino desde el lugar más ‘crístico’ de la situación, que son los mansos de espíritu. La mirada que Dostoyevski tiene sobre el sufrimiento me conmueve. Eso es lo que tomo, el pathos que comparto y lo que cuenta desde el punto de vista de la expresión”.
Florencia Vásquez
9.5.06
Desde junio
A partir del sábado 3 de junio - las funciones de Los Mansos serán solamente los sábados a las 23 horas.Nuestra Nastasia debutará en El niño argentino - obra de Mauricio Kartun (dirigida por el mismísimo Mauricio) - en la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín.
Los esperamos - siempre - y ahora de forma más exclusiva: tan sólo una vez a la semana.
7.5.06
La Nastasia de Sancerni
María Inés - antes de ser Nastasia - nos habla del arbol de quinotos.(Árbol de no más de dos metros de altura, de copa redondeada y hojas lanceoladas de color verde brillante y flores blancas. Los frutos ovoides, de unos cuatro centímetros de longitud, de cáscara y color similares a la naranja, se emplean para hacer dulces y jaleas.)
Nastasia & MyshkinI'm yours, till I die...
So in love... so in love...
So in love with you, my love... am I...
In love with the night mysterious,
the night when you first were there.
In love with my joy delirious,
when I knew that you could care.
So taunt me and hurt me,
deceive me, desert me,
I'm yours, till I die...
Myshkin
So in love...
Nastasia
So in love...
Myshkin
So in love…
Nastasia
So in love…
Myshkin
So in love…
Nastasia & Myshkin
with you, my love, am I...
NastasiaMe voy. No tengo nada que sea mío. Puedo salir de acá y tirarlo todo. Entonces... ¿quién me va a querer si no tengo nada? (A Myshkin.) Vos, claro... por tu buen corazón. ¡Idiota! ¿Querés llevarte a la hembra de Rogojin? Yo no soy una mujer honrada: eso es cosa de novelas… ¿A mí me querés llevar? ¿A mí? ¡Enfermo! Si lo que necesitás es una enfermera que te cuide... ¡Epiléptico!
NastasiaDice Juan en su Evangelio: “... pero llegando a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado y al instante salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis; porque esto sucedió para que se cumpliese la escritura: «No romperéis ni uno de sus huesos».”
Las fotos de Los Mansos son de Ernesto Donegana
14.4.06
La Garbo por Suardi
Luciano Suardi (nuestro Rogojin) dirige a María Inés Sancerni (nuestra flamante e inquietante Nastasia Filipovna) y a un elenco maravilloso en Quiero estar sola, un bellísimo espectáculo que - con texto de Diego Manso - se presenta los viernes a las 23 en ElKafka. Imperdible.
Se estrena GLUE en el Bafici
Mañana - sábado 15 de abril a las 23:15 - se estrena la peli que protagoniza Nahuel en el marco del Bafici.
Los Trinidad Guevara
Los Mansos ha sido nominado a los premios Trinidad Guevara a lo Mejor de la Producción Teatral 2005 (otorgado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) - en los siguientes rubros:
- Mejor diseño escenográfico: Oria Puppo
- Mejor diseño de iluminación: Jorge Pastorino
- Revelación masculina: Nahuel Pérez Biscayart
- Mejor actriz protagónica: Stella Galazzi
3.4.06
Nastasia Filipovna Barashkov por Galazzi
Muchas personas intuyen lo que acá se va a escribir, pero pocas lo gritan: Stella Galazzi es enorme. Desarma cada una de las palabras que yo pude haber escrito para transformarlas en algo propio, visceral y definitivo. Yo no estuve en la función del sábado - la última de este período de Stella - yo no quise estar. A veces el dolor asume rostros de indiferencia. Stella es una compañera de camino dese hace mucho tiempo, Stella es un ser que amo y que creo de difícil reemplazo emocional, Stella se va de Los Mansos por dos meses o por el tiempo que ella decida: pero lo que es difícil - al menos lo es para mí - es aceptar este silencio que definitivamente se hace cuando su actuación no está. El proceso de trabajo de esta obra fue devastador para cada uno de nosotros y sólo los que estuvimos dentro del mismo sabemos lo que estoy nombrando. Los Mansos no es un espectáculo que se ensayó y se estrenó, Los Mansos es un largo camino que ahora encuentra un hiato, un desvío, una otra cosa. Estas palabras son para despedir a Stella y también bienvienen a María Inés que se atreve a hacerse cargo de esto que pasa y lleva adelante un trabajo muy, pero muy difícil. Inesa encuentra en ella los motores para que Nastasia se aleje de Stella y lo logra. Ahora sobre el escenario estarán Luciano, Nahuel e Inesa y nosotros - el equipo de Los Mansos - seguiremos sintiendo la presencia de Stella: Nastasia se escribió sobre su cuerpo y sobre su historia, Nastasia pudo cantar So in love porque Stella quería cantar, Nastasia llora sobre el cuerpo de su hermana muerta porque Stella supo llorar, Nastasia puede golpear a Myshkin con las palabras porque Stella sabe golpear y Nastasia puede ser ahora de Inesa porque Stella es sabia. Por todo esto: gracias Stella y gracias Inesa. Por muchas noches más todos juntos, siempre.Alejandro Tantanian
El ensayo de ayer
Una pasada en domingo: María Inés se prueba la ropa de Nastasia. Y los efectos son devastadores. Otra Nastasia - entonces - para la furia de Rogojin y la mansedumbre de Myshkin: María Inés encuentra otro espacio - otro registro - otra manera de ver las cosas en este mundo triangular. La tristeza parece ser otra - más parecida a la tristeza de Myshkin, más cercana al dolor del Cristo de Holbein. Un camino - aparentemente - menos espinoso el de la vida de esta Nastasia: sin embargo - cuando cae abatida por el filo del cuchillo sentimos que Nastasia nunca deseó otra cosa que morir. María Inés disfraza de ingenuidad ese deseo.
19.3.06
Nastasia Filipovna Barashkov es María Inés Sancerni
Inesa - así la llamamos quienes la queremos mucho - ya está ensayando y estamos seguros que deslumbrará a sus fanáticos y a quienes aún no la han descubierto (pocos, por suerte). Con este post queremos - entonces - bienvenir a nuestra nueva Nastasia Filipovna Barashkov.
Nuevos horarios desde abril
1.3.06
Una geometría oscura y brillante
Acerca de Los Mansos, de Alejandro Tantanian
Los Mansos es una obra de Alejandro Tantanian estrenada por primera vez en agosto del año pasado y repuesta nuevamente a principios de este mes. Las funciones se realizan los viernes y sábados a las 23: 15, en uno de los nuevos escenarios de El Camarín de las Musas. En este caso, se trata un galpón con techo de chapa y piso de cemento, fraccionado cerca de la mitad por una suerte de pileta o fosa (similar a la que usan los mecánicos para revisar a los autos). Esta fosa funciona como una especie de Salón de Usos Múltiples: es el río que atraviesa el príncipe, es una casa, es el tren en el que se encuentran los personajes. Aquí, y, en un pequeño semi-piso al que se accede mediante una escalera ubicada al fondo de la sala, transcurre la acción de la obra. Los Mansos se define como un “espectáculo sobre motivos de El idiota de Dostoievski”, en la que se funden igualmente diversos elementos de la propia vida de Tantanian y de los actores. Luciano Suardi (Rogojin, sin dudas el trabajo más sólido), Stella Galazzi (Nastasia) y Nahuel Pérez Biscayart (Myshkin, “El idiota”), componen el elenco. Es importante señalar que todo el proceso de construcción de la obra e intervención del espacio fue registrado en un blog de internet (http://losmansos.blogspot.com) y en la muestra fotográfica de Ernesto Donegana. Naturalmente, este gesto muestra una voluntad de desmontar la preocupación exclusiva por el resultado de la obra, por la obra como producto, e intenta dirigir la atención al proceso que la sostiene, confirmando, al mismo tiempo, el deseo de esfumar las fronteras entre el arte y la vida.
En la geometría de Los Mansos, digámoslo así, predomina la figura del triángulo: no sólo el de los personajes en escena, sino también el que estos en conjunto forman con Dostoievski y Tantanian. Si Dostoievski construye sus novelas con material de su propia vida (por ejemplo, el hecho de que El Idiota sufra, al igual que él, de epilepsia), Tantanian practica un ejercicio similar (con la vida del escritor ruso y con la suya propia) y le da cuerpo a su historia en tres personajes. Como explica en el propio blog: el “yo” está desplegado sobre los tres al mismo tiempo; cuando el “cuerpo de actores” se ocupa de la historia (de la vida de Tantanian), el “yo”, como quería Rimbaud, también “es otro”. Myshkin puede ser Cristo, manso, martirizado y atacado (tal como se exhibe durante la obra en el cuadro de Holbein), o Dostoievski, delirando en la enfermedad, o el propio director, contando la historia que dice “la verdad”. Si cada uno de los personajes necesita del otro para llegar a lo que busca (Myshkin, su casa de la infancia; Rogojin, la felicidad absoluta; Nastasia, la tranquilidad), Tantanian, como dijimos, se vale de los textos del escritor ruso para buscar su propia historia y de los personajes para corporizarla.
La fosa en la que se mueven los personajes está rodeada por un tabique que los cubre de las rodillas para abajo. Ellos sueñan, no tienen (al menos, no lo sabemos) los pies en la tierra. Pero el cielo es también el lugar de los muertos, entonces la superficie adquiere, en la imaginación del espectador, la impactante fisonomía de un nicho. Lo que vemos es lo que hay: no existe una profundidad ni un detrás de escena en el que la verdad se revele como tal.
Los Mansos es un entramado de imágenes hermosas y oscuras --- basta recordar el cruce por el borde del río-fosa que hace el príncipe con la vela en la mano, la escena final, o la carrera por llegar a Nastasia entre Rogojin y Myshkin, durante el cumpleaños de éste último. Imágenes extrañas: al momento de analizar el Cristo muerto de Holbein, reproducido también en una de las paredes de la fosa, lo que se escucha es música… de un judío. Sobre el final, un árbol se levanta del suelo con un mecanismo de sogas y poleas. Los actores se adelantan a sus personajes y revelan al público su intimidad. Las luces alternan constantemente entre el blanco, el amarillo y el azul. El escenario de Los Mansos es un bosque melancólico, brillante, lleno de voces que susurran. Es el instante imperceptible en el que la vida se vuelve obra de arte.
Nicolás Vilela
Los Mansos es una obra de Alejandro Tantanian estrenada por primera vez en agosto del año pasado y repuesta nuevamente a principios de este mes. Las funciones se realizan los viernes y sábados a las 23: 15, en uno de los nuevos escenarios de El Camarín de las Musas. En este caso, se trata un galpón con techo de chapa y piso de cemento, fraccionado cerca de la mitad por una suerte de pileta o fosa (similar a la que usan los mecánicos para revisar a los autos). Esta fosa funciona como una especie de Salón de Usos Múltiples: es el río que atraviesa el príncipe, es una casa, es el tren en el que se encuentran los personajes. Aquí, y, en un pequeño semi-piso al que se accede mediante una escalera ubicada al fondo de la sala, transcurre la acción de la obra. Los Mansos se define como un “espectáculo sobre motivos de El idiota de Dostoievski”, en la que se funden igualmente diversos elementos de la propia vida de Tantanian y de los actores. Luciano Suardi (Rogojin, sin dudas el trabajo más sólido), Stella Galazzi (Nastasia) y Nahuel Pérez Biscayart (Myshkin, “El idiota”), componen el elenco. Es importante señalar que todo el proceso de construcción de la obra e intervención del espacio fue registrado en un blog de internet (http://losmansos.blogspot.com) y en la muestra fotográfica de Ernesto Donegana. Naturalmente, este gesto muestra una voluntad de desmontar la preocupación exclusiva por el resultado de la obra, por la obra como producto, e intenta dirigir la atención al proceso que la sostiene, confirmando, al mismo tiempo, el deseo de esfumar las fronteras entre el arte y la vida.
En la geometría de Los Mansos, digámoslo así, predomina la figura del triángulo: no sólo el de los personajes en escena, sino también el que estos en conjunto forman con Dostoievski y Tantanian. Si Dostoievski construye sus novelas con material de su propia vida (por ejemplo, el hecho de que El Idiota sufra, al igual que él, de epilepsia), Tantanian practica un ejercicio similar (con la vida del escritor ruso y con la suya propia) y le da cuerpo a su historia en tres personajes. Como explica en el propio blog: el “yo” está desplegado sobre los tres al mismo tiempo; cuando el “cuerpo de actores” se ocupa de la historia (de la vida de Tantanian), el “yo”, como quería Rimbaud, también “es otro”. Myshkin puede ser Cristo, manso, martirizado y atacado (tal como se exhibe durante la obra en el cuadro de Holbein), o Dostoievski, delirando en la enfermedad, o el propio director, contando la historia que dice “la verdad”. Si cada uno de los personajes necesita del otro para llegar a lo que busca (Myshkin, su casa de la infancia; Rogojin, la felicidad absoluta; Nastasia, la tranquilidad), Tantanian, como dijimos, se vale de los textos del escritor ruso para buscar su propia historia y de los personajes para corporizarla.
La fosa en la que se mueven los personajes está rodeada por un tabique que los cubre de las rodillas para abajo. Ellos sueñan, no tienen (al menos, no lo sabemos) los pies en la tierra. Pero el cielo es también el lugar de los muertos, entonces la superficie adquiere, en la imaginación del espectador, la impactante fisonomía de un nicho. Lo que vemos es lo que hay: no existe una profundidad ni un detrás de escena en el que la verdad se revele como tal.
Los Mansos es un entramado de imágenes hermosas y oscuras --- basta recordar el cruce por el borde del río-fosa que hace el príncipe con la vela en la mano, la escena final, o la carrera por llegar a Nastasia entre Rogojin y Myshkin, durante el cumpleaños de éste último. Imágenes extrañas: al momento de analizar el Cristo muerto de Holbein, reproducido también en una de las paredes de la fosa, lo que se escucha es música… de un judío. Sobre el final, un árbol se levanta del suelo con un mecanismo de sogas y poleas. Los actores se adelantan a sus personajes y revelan al público su intimidad. Las luces alternan constantemente entre el blanco, el amarillo y el azul. El escenario de Los Mansos es un bosque melancólico, brillante, lleno de voces que susurran. Es el instante imperceptible en el que la vida se vuelve obra de arte.
Nicolás Vilela
7.2.06
Otra mirada sobre Dostoievski

Inspirada en "El idiota", la obra que repuso Alejandro Tantanian, sigue sólo a tres de sus personajes.
Juan José Santillán. Especial para Clarin
El ex integrante de El Periférico de Objetos, Alejandro Tantanian, repuso Los mansos en un viejo galpón, devenido sala teatral junto al Camarín de las musas. Inspirada en El idiota, de Fedor Dostoievski, la obra sigue sólo a tres de sus personajes: Nastasia (Stella Galazzi), su pretendiente Rogojin (Luciano Suardi) y a Myshkin, "El idiota" (Nahuel Pérez Biscayart). Pero el viaje de Myshkin, paradigma del hombre bueno derrotado por sus propias mezquindades, será apenas la superficie sobre la que se deslizan una serie de elementos biográficos sin referente concreto. Por allí avanzan los personajes como única voz y también por separado.
Un excelente trabajo de iluminación de Jorge Pastorino acentúa el efecto de cercanía entre espectador-actor ideado por Tantanian. Sobre esa base, los encuentros de Nastasia (Galazzi) y Rogojin (Suardi) logran una vitalidad extrema. En Los mansos, el lugar del narrador es múltiple en voces y, por lo tanto, en sentidos desplegados sobre el espacio.
Sucede que el entramado biográfico de los personajes se traza sobre una perspectiva que diluye su objeto desde lo formal-espacial hasta lo narrativo. Es decir, la sala no es un espacio convencional, sino un galpón adaptado acorde a la perspectiva de los cuerpos en escena. Tampoco lo aparentemente autorreferencial, esgrimido por el autor, es tal. Se pulveriza por la voz de los personajes de Dostoievski (Anastasia, Rogojin y El Idiota), por datos biográficos del autor de Crimen y castigo y, entre otras cosas, por un bosquejo polifónico del pasado de los actores. "¿Quién habla y desde qué lugar?" son preguntas que activan el engranaje de la puesta.
Hay un eje formal en la perspectiva de la obra. Se trata del óleo El Cristo muerto, realizado por el retratista alemán Hans Holbein (1497-1543). Su estilística se caracterizó por la deformación de la imagen retratada por medio de la anamorfosis. Esa estrategia de composición no es sólo la burla a la lógica de una perspectiva sino, además, una armonía en quiebre. Que la proyección de ese cuadro de Holbein, en una de las paredes de la sala, sea un momento de bisagra en la obra no es casual. Los tres personajes se complementan para detallar la imagen y Rogojin dirá: "frente a este cuadro uno no tiene otro camino que perder la fe".
La tensión de una perspectiva y la respuesta física ante un bosque de imágenes que se derrumba sobre el sujeto, sitúa la mirada. Es decir, marca la disposición rectangular del público en la sala y el movimiento de los personajes a los que, por momentos, se los ve por partes.
Los mansos tiene una perspectiva esquiva, elíptica. Lo frontal, como en los retratos dobles de Holbein, nunca otorga un sentido unívoco. En suma, se trata de una experiencia sobre texturas de lo sensible. Donde el amor, y su contracara de muerte, son fugacidades en los reversos de una misma subjetividad desdoblada hasta el sinsentido. Sin duda, es una experiencia compleja para el espectador. No porque remita inequívocamente a El idiota. Dostoievski es la excusa para atravesar, a bordo de un trabajo actoral impecable, una puesta que resulta íntegra en el temporal de planos que desarrolla.
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