6.7.07

Una carta para el final

Una tormenta --- : eso.
Trajo uniones amorosas: casamientos, casas nuevas, novios.
Novias hizo: trajo hijos.
Desarmó pasados, confortó almas, exorcizó fantasmas, trajo otros nuevos (más calmos, más adultos).
Festejó cumpleaños, sopló velitas, pidió deseos.
Acompañó dolores, enfermedades, accidentes: de todo eso salimos indemnes, más fuertes: así, hoy.
Trazó nuevas geografías en los cuerpos.
Permitió que algunos que habían dejado el escenario lo volvieran a habitar (espero que para siempre).
Armó familia: unió lo más lejano: acercó el cielo a la tierra.
Como una tormenta en tiempos de sequía trajo lo que cada uno deseaba.
Yo pude dejar atrás un enorme pasado, yo pude gracias a todos ustedes seguir creyendo en mí como artista, yo pude dejar hablar a mis abuelos, a mi sangre, que estaba tan callada, tan sufriente, tan en silencio.
Yo pude amar a un hombre hermoso porque Los Mansos tiene en el corazón de sus palabras otro hombre hermoso: proverbial, arquetípico.
Yo volví a ver la cara de mis abuelos frente a la maravilla de la creación.
Yo volví a darle una oportunidad a Levón para que explicase su suicidio.
Yo le ofrecí a Novella (mi madre) una historia dolorosa pero propia.
Yo pude - siempre con ustedes, siempre gracias a todos ustedes - crear una obra única (así lo creo, no por su "importancia" sino por su singularidad).


Hoy termina.
Mañana demuelen nuestra pileta: señal extraordinaria de que este espectáculo es y será único.
Euforia tengo, dolor tengo, ganas de besarlos a todos, ganas de llorar (lloro hoy mientras escribo esto, sí).
Los que me conocen bien saben que Los Mansos fue para mí un espacio de contención y de felicidad: el refugio al dolor y a la vida que a veces no es mansa.
Los Mansos termina hoy y hay que celebrar la muerte porque es señal de que estuvo vivo: muy vivo.
Y saber que vamos a crear otro y otro y otro: nunca igual a éste: mejor o peor (no sabemos), pero nunca igual.
Así: una tormenta: bella y única: Los Mansos: nuestra vida juntos: el futuro: lo que sigue: lo que vendrá.

Los quiero: gracias, por la enorme felicidad de llegar hasta acá.

Alejandro.

5 comentarios:

El marques dijo...

Estaremos ahi para abrazarte y llorar todos juntos, y fundirnos en esta enorme alegr{ia y tristeza que fue es y seran Los Mansos

Gracias por todo

antes_del_anochecer dijo...

¿Cómo escribir esto ahora, recién llegada, terriblemente dormida? Pero, ¿cómo no escribirlo ahora, cómo permitirme dejarlo para después? ¿Cómo explicar todo lo que Los mansos significó en mi vida aunque yo estuviera del lado de afuera? (no hay afuera, ni siquiera hay un “debajo del escenario”, Los mansos siempre permitió la sensación de estar todos “adentro” y esa es una de las cosas que la hacen tan única como dice Tantanian en el post).
Empezar por el principio (y escribir el comentario más extenso de la historia de los blogs): por una de esas arbitrariedades típicas del Bafici el año pasado caí en la función de prensa de Glue. Y caí, de hecho, de culo, pasmada, cuando descubrí a Nahuel (a quien ya había descubierto aunque sin haberlo descubierto del todo unos cuantos meses antes en El aura). Después se vino la entrevista y después Los mansos. Y después… todo lo que me pasó con Los mansos. Desde la primera vez que la vi y salí cuestionándome muchas cosas desde una lógica extremadamente estructurada, hasta las siguientes en las que iba descubriendo siempre nuevas aristas, y las finales, en las que ya era capaz de repetir el diálogo junto a los actores. Cada función a la que asistí me trae un recuerdo: la obra me pegó de distintas maneras, dependiendo del punto justo en el que yo me encontraba en la vida en cada momento. Llevé a casi todos mis amigos (muchos de los cuales hoy supieron ser también reincidentes, para acompañarme en la despedida). Los vi a todos: a Nahuel, a Suardi, a Sancerni, a Galazzi, a Zorzoli, a Bogdasarian. Me reí mucho, con el helado de cerezas al maraschino y la señora que se levantó y se fue durante el toshka toshka sapitaia cambiando el resto de la función. Me pegó siempre muy fuerte (cada vez más fuerte) el monólogo de Nastasia, esa muerte y más muerte, la de los otros, no la mía.
Es imposible hoy pensar que no voy a poder volver a verlos ningún viernes, que ese árbol (del que me quise robar una ramita y no me animé) no va a volver a elevarse, que el idiota no va a imitar a una ratita, que nadie va a volver a cruzar ese piletón (que ya no estará) con una vela encendida.
Odio que las cosas se terminen, y no puedo evitar pensar que con el fin de Los mansos hay una pequeña partecita de mi memoria que se cierra, una pequeña historia que llega a su fin.
Hoy cuando llegué al Camarín, me saludó el señor de la puerta. Me dio vergüenza. Y me causó un poco de gracia. Claro. Era la octava vez que iba a ver Los mansos. Yo sabía que iba a ser la última, y supongo que el señor también. Lo mínimo que podíamos hacer era saludarnos. Al fin y al cabo era una despedida.
Tanto escribir al pedo simplemente para decir que voy a extrañarlos enormemente; que amé, amo y amaré a Los mansos y a cada uno de los que lo engendraron, criaron y cuidaron; que fue difícil decir adiós desde la sillita de plástico, teniendo plena conciencia que esta sí era la última vez que iba a escuchar cada línea, escrutar cada gesto, dejarme llevar por cada sentimiento; y que así como más comúnmente hay canciones que acompañan períodos de nuestras vidas, un período de la mía estará por siempre unido a Los mansos.
Es difícil decir adiós, pero los dejo (antes de que me dé más vergüenza que saludar al señor de la puerta).
Besos.
Anabella.

Alejandro Tantanian dijo...

marqués --- quién sos?
saludos
alejandro

R M. dijo...

Tarde, quizas muy tarde te comento la funcion. De seguro no tiene importancia, pero estuve en la charla que diste en el festival de teatro, y hoy encuentro este blog. Demasiado tarde, aunque el arte es atemporal, dicen.
Yo pensaba en el idioma que se inventaron, en lo que nos regalaron y en lo que representó. Pasaran veinte años ( y aunque suponen que no es nada a mi cara le afecto bastante) y seguiremos recordando los recuerdos que tenemos de los mansos. No te lo dije aun, gracias.
El amor, la felicidad, el tiempo, los padres, la traicion y la esperanza seran por siempre los cuentos que escribiremos.
Ojala un dia nos cruzemos y me anime a invitarte una cerveza y tengas humor de decirme que si. Siento que algo te debo. Queria que lo supieras.
Gracias.

Alejandro Tantanian dijo...

R.M ... gracias por el recuerdo que sabrá sostenerse: tiene sentido, entonces, embarcarse en estos viajes cuando alguien sabe decirnos estas cosas: el silencio es enemigo del amor: gracias por hablar y por el descubrimiento -nunca tardío- del blog. no tomo cerveza, pero sin problemas acepto cafés -- un abrazo.